Si alguna vez has volado a Hondarribia (oficialmente llamado aeropuerto de San Sebastián) y tu avión ha dado vueltas sobre el mar o ha terminado aterrizando en Bilbao, Pamplona o Vitoria, no ha sido por capricho. Los desvíos aquí son más frecuentes que en otros aeropuertos y tienen una explicación clara: la meteorología y las limitaciones del sistema de navegación.
Ubicado entre el mar, el río Bidasoa y montañas, este aeropuerto opera con una pista relativamente corta y, a diferencia de otros aeropuertos, el de San Sebastián no dispone de un sistema de aterrizaje instrumental (ILS), una tecnología que permite aterrizajes con visibilidad muy reducida.
Su instalación se estudió en 2001 y se descartó porque en la pista 04 era técnicamente muy difícil debido a infraestructuras cercanas, posibles interferencias con el ILS de Biarritz y falta de espacio físico para colocar las antenas requeridas. En la pista 22, la instalación resultaba casi imposible porque está orientada hacia el mar y la señal también podría interferir con la del aeropuerto de Biarritz, situado muy cerca, en territorio francés.
En su lugar, los aviones utilizan otros sistemas que les ayudan a navegar de forma segura, como el VOR. Este sistema funciona a través de señales de radio emitidas desde estaciones en tierra. Los aviones captan estas señales y, gracias a ellas, pueden saber en qué dirección volar para llegar al aeropuerto.
Sin embargo, requiere que estando a 650 pies (200 metros) sobre el nivel del mar, la pista sea visible desde al menos 3,5 km antes de decidir si pueden aterrizar con seguridad. Si la visibilidad es menor, la precisión del aterrizaje puede no ser lo suficientemente segura. En este caso, el procedimiento será desviarse a otro aeropuerto, o abortar el aterrizaje y realizar otro intento esperando que mejoren las condiciones.
En 2021 se incorporó un sistema de navegación por satélite llamado RNP, que permite a los aviones seguir rutas muy precisas sin necesidad de depender de antenas en tierra y redujo la distancia mínima de visibilidad a 2,6 kilómetros. Sin embargo, en cuanto a altitud, quedó similar, con un descenso permitido hasta 690 pies (210 metros) antes de abortar la maniobra si no se ve la pista.
El mayor avance llegó en noviembre de 2024 con la instalación del sistema EGNOS en la pista 22, que permite a los aviones descender hasta 90 metros antes de tomar la decisión final de aterrizar. Esto reduce significativamente los desvíos en comparación con los sistemas anteriores, pero tiene una limitación: solo pueden utilizarlo aquellas aerolíneas cuyos aviones cuenten con la tecnología adecuada y cuya tripulación esté entrenada para operarlo.
En la actualidad, solo algunas compañías europeas como Binter, Lufthansa, EasyJet en ciertos modelos, Air Baltic, VistaJet, NetJets y Air France con sus aviones turbohélice pueden beneficiarse de este sistema.
A pesar de estos avances, los desvíos siguen siendo una posibilidad en días de niebla muy densa o condiciones meteorológicas extremas. Sin embargo, la evolución de estos sistemas ha mejorado notablemente la operatividad del aeropuerto, permitiendo que más vuelos lleguen a su destino sin necesidad de infraestructuras adicionales.
Gracias a la navegación por satélite, San Sebastián ha logrado optimizar sus operaciones sin necesidad de ampliar la pista, facilitando la conexión de Gipuzkoa con el resto de España y Europa de una manera más eficiente y fiable.


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