Aena, señalada por la saturación de servicios en el Aeropuerto de San Sebastián

FACUA Euskadi pide refuerzos de personal y mejoras en unas instalaciones que no han crecido al ritmo del tráfico.

El Aeropuerto de San Sebastián, también conocido como Hondarribia o Fuenterrabía, vive desde hace años una paradoja difícil de explicar a quien no lo usa con frecuencia. Cada vez pasan más pasajeros por sus puertas, pero el edificio y los servicios siguen prácticamente anclados en otra época. No es una sensación subjetiva. Es una realidad que ya ha motivado una petición formal a Aena para que aumente personal y mejore unas instalaciones que muchos consideran desbordadas.

FACUA Euskadi ha trasladado recientemente a Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea una queja clara: el aeropuerto ha duplicado su número de viajeros desde 2014, pero esa evolución no se ha traducido en una mejora equivalente de los servicios. En términos sencillos, es como si una estación de autobuses pensada para mil personas al día tuviera que absorber el doble sin ampliar accesos, baños ni personal. El resultado es previsible: colas, incomodidad y sensación de saturación.

Para entender el problema conviene imaginar el recorrido de cualquier pasajero. El primer cuello de botella aparece antes incluso de despegar. El acceso a la zona de embarque se realiza únicamente a través de dos tornos. No hay alternativa. Todo el flujo de viajeros pasa por ahí, lo que provoca esperas especialmente en horas punta. A esto se suma un aspecto clave que no siempre se tiene en cuenta: esos tornos no están adaptados para personas con movilidad reducida ni para quienes viajan con carritos de bebé, algo difícil de justificar en un aeropuerto que aspira a ser moderno y accesible.

Una vez superado ese punto, los problemas no desaparecen. FACUA también denuncia la falta de aseos suficientes para el volumen actual de pasajeros. En la zona de embarque solo existen dos áreas de servicios, además de un único baño en el exterior. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. En infraestructuras públicas, estos elementos son indicadores claros de si un espacio está pensado para la cantidad real de usuarios que lo utilizan.

La situación resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que el edificio cuenta con una segunda planta que permanece inutilizada. Es decir, existe espacio físico disponible, pero no se está aprovechando. Desde fuera, la imagen es la de una casa con habitaciones cerradas mientras el salón se llena más de la cuenta. Una sensación que muchos viajeros reconocen sin necesidad de conocer cifras ni informes técnicos.

El área de llegadas es otro de los puntos críticos. El aeropuerto de San Sebastián no dispone de circuitos separados para vuelos procedentes del espacio Schengen y de países donde es obligatorio el control de pasaportes. Dicho de forma clara, todos los pasajeros confluyen en el mismo espacio, independientemente de si necesitan o no pasar por un control fronterizo. Esto genera esperas que pueden alcanzar los 45 minutos para quienes llegan desde fuera de la Unión Europea, además de problemas de organización y seguridad al no existir una zona aduanera claramente delimitada.

En este contexto, la falta de personal agrava todavía más la situación. FACUA señala la ausencia de trabajadores dedicados a la información y atención al viajero. Cuando surgen dudas, retrasos o incidencias, no siempre hay alguien disponible para orientar al pasajero. En un aeropuerto pequeño, donde todo ocurre en un mismo espacio, la figura del personal visible y accesible resulta fundamental para que la experiencia no se degrade.

Más allá de la incomodidad, la cuestión tiene también una dimensión legal. La Ley de Seguridad Aérea establece que los gestores aeroportuarios están obligados a garantizar el uso continuado de las instalaciones en condiciones adecuadas de seguridad. No se trata solo de que los aviones despeguen y aterricen con normalidad. El concepto de seguridad incluye también el funcionamiento ordenado del aeropuerto, la correcta gestión de flujos de personas y la atención a los usuarios.

La reclamación de FACUA no pide nada extraordinario. No habla de grandes ampliaciones ni de proyectos faraónicos. Solicita algo mucho más básico: adaptar los servicios y el personal a la realidad actual del aeropuerto. Si el número de pasajeros ha crecido de forma notable, los recursos deberían hacerlo en la misma proporción. Es una lógica similar a la de cualquier servicio público, desde un centro de salud hasta una línea de transporte urbano.

El Aeropuerto de San Sebastián tiene una particularidad que lo hace especialmente sensible a este tipo de problemas. Su tamaño y su ubicación hacen que cualquier desajuste se note de inmediato. En aeropuertos grandes, las deficiencias se diluyen entre terminales y pasillos interminables. En Hondarribia, todo ocurre a la vista. Cada cola, cada espera y cada carencia se perciben con mayor intensidad.

Por eso, la petición de FACUA Euskadi va más allá de una denuncia puntual. Es un recordatorio de que el crecimiento del tráfico aéreo no puede medirse solo en estadísticas de pasajeros. También debe reflejarse en la calidad del servicio, en la comodidad y en el respeto al viajero. Un aeropuerto puede ser pequeño, pero no por ello debe funcionar al límite de su capacidad.

El debate está ahora sobre la mesa. Aena tendrá que decidir si acompaña el crecimiento del Aeropuerto de San Sebastián con las mejoras necesarias o si mantiene una infraestructura que, poco a poco, se va quedando pequeña para el papel que desempeña en Gipuzkoa. Mientras tanto, los pasajeros seguirán siendo los primeros en notar las costuras de un aeropuerto que, paradójicamente, ha crecido más rápido de lo que sus instalaciones permiten asumir.

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