Así funciona Aena: el modelo que modela el presente y el futuro del Aeropuerto de Hondarribia

Cuando uno piensa en el Aeropuerto de San Sebastián, lo primero que suele venir a la mente es su pista corta. También aparecen los días de viento sur que complican las aproximaciones o la eterna lucha por mantener conexiones con ciudades clave. Pero detrás de todos esos elementos visibles existe un actor que condiciona casi todo lo que ocurre en Hondarribia. La gestión de Aena en el Aeropuerto de San Sebastián explica por qué algunos aeropuertos crecen, por qué otros apenas pueden hacerlo. Su modelo, mezcla de lo público y lo privado, explica por qué ciertos aeropuertos crecen y por qué otros no despegan. En lugares como Gipuzkoa, además, cada decisión parece depender de un engranaje que va mucho más allá del Bidasoa.

Aena es una empresa singular dentro del panorama europeo. Nació como una entidad completamente pública, pero desde 2015 opera bajo un modelo mixto. El Estado, a través de ENAIRE, posee alrededor del 51 %, mientras que el resto de las acciones cotizan en bolsa. Esta fórmula obliga a la empresa a responder a dos lógicas que a menudo resultan contradictorias. Por un lado, la del servicio público, que busca garantizar conectividad, cohesión territorial y accesibilidad. Por otro, la del mercado, centrada en generar beneficios, reducir costes y resultar atractiva para los inversores.

Para entender cómo afecta esto a Hondarribia, hay que tener clara una idea clave: Aena gestiona todos los aeropuertos como una sola red. No funciona como un conjunto de aeropuertos independientes que deben ser rentables por sí mismos. En su lugar, los beneficios obtenidos en grandes aeropuertos como Madrid-Barajas, Barcelona-El Prat, Mallorca o Málaga se reinvierten. Sirven para sostener a aeropuertos más pequeños, deficitarios o estratégicos. Es lo que permite que aeropuertos como el de San Sebastián sigan funcionando con regularidad. Incluso cuando su volumen de pasajeros no es suficiente para cubrir los costes operativos.

Este sistema tiene ventajas evidentes. Si la red se fragmentara o si cada aeropuerto dependiera únicamente de su rentabilidad, muchos aeródromos pequeños desaparecerían. Otros quedarían en manos privadas, con tarifas más elevadas o servicios mínimos. En el caso de Hondarribia, ser parte de la red Aena garantiza algo esencial: la continuidad del servicio.Pase lo que pase con las frecuencias, las aerolíneas, las temporadas bajas o la meteorología, el aeropuerto mantendrá su estructura operativa mínima. Así se garantiza que Gipuzkoa siga conectada con Madrid, Barcelona y otros destinos.

Pero la red también tiene consecuencias menos visibles. Como toda empresa cotizada, Aena debe priorizar dónde invierte para maximizar retorno. Y esa lógica hace que los aeropuertos grandes, donde las mejoras multiplican los ingresos, ocupen el primer lugar. En cambio, aeropuertos pequeños como el de Hondarribia reciben inversiones más discretas. Suelen centrarse en mantenimiento, modernización de sistemas y mejoras operativas, pero rara vez en grandes transformaciones. No es una cuestión de olvido, sino de economía. Invertir millones en un aeropuerto cuyo crecimiento es limitado por su geografía con una pista rodeada de zonas protegidas y la frontera no es una apuesta que genere retornos claros.

Un ejemplo reciente lo ilustra bien. Mientras grandes aeropuertos han visto mejoras y ampliaciones de infraestructura, en Hondarribia los avances se han centrado en mejorar procedimientos, actualizar señalización o reforzar sistemas de aproximación, especialmente tras la introducción de nuevas tecnologías de navegación. Son mejoras importantes, que aumentan seguridad y eficiencia, pero que no han cambiado aún la capacidad del aeropuerto ni su margen de crecimiento operativo. De todas formas, recientemente, el director del aeropuerto anunció (poner lo que anunció).

El modelo de Aena también influye indirectamente en la relación con las aerolíneas. Aunque puede modular tasas aeroportuarias, no puede ofrecer precios a medida para captar rutas en un aeropuerto concreto, porque toda la red debe funcionar con reglas homogéneas. Esto deja a Hondarribia en desventaja frente a aeropuertos que tienen mayores incentivos para negociar con compañías aéreas.

Además, el mercado aéreo cambia rápido, y ese cambio afecta de manera especial a los aeropuertos pequeños. La retirada progresiva de los aviones más pequeños del grupo IAG, como los Airbus A319 de Iberia, o la transición de Vueling hacia flotas más grandes y densas complica la operativa en pistas cortas. Cada vez hay menos aviones compatibles con aeropuertos como este en la flota de quienes operan aquí, y pese al poder en la gestión de Aena en el Aeropuerto de San Sebastián, no puede influir en estas decisiones de las aerolíneas. Puede mantener el aeropuerto, modernizarlo y asegurar que cumpla todos los estándares, pero no puede obligar a ninguna compañía a operar allí.

Sin embargo, no todo son límites. El modelo de Aena también ofrece estabilidad en un tiempo de incertidumbre. Los aeropuertos pequeños de otros países, gestionados completamente por operadores privados, sufren cierres parciales, limitación de horarios o reducciones drásticas de servicios cuando las cuentas no salen. En España, en cambio, la red sostiene aeropuertos como Hondarribia incluso en los peores años, como se vio durante la pandemia. La conectividad es entendida como un servicio público, no como un negocio aislado. Y eso, para una provincia con la estructura geográfica de Gipuzkoa, es crucial.

En el futuro del aeropuerto, por tanto, la gestión de Aena en el Aeropuerto de San Sebastián seguirá siendo determinante, dependiendo de un equilibrio complejo: que siga considerándose estratégico para la red, que las aerolíneas mantengan flotas compatibles y que la demanda continúe justificando las rutas actuales. La pista no crecerá, ni cambiará la geografía, pero sí puede crecer el valor del aeropuerto como infraestructura esencial para el territorio. Y en ese sentido, la estabilidad del modelo, aunque imperfecta, es una ventaja.

En un mundo donde la aviación evoluciona cada año y donde las decisiones de inversión miran siempre al largo plazo, Hondarribia seguirá navegando entre sus límites y sus oportunidades. No con grandes ampliaciones ni proyectos espectaculares, sino con mejoras constantes, un papel estratégico dentro de la red y una gestión que, aunque compartida entre lo público y lo privado, sigue garantizando algo fundamental: que Gipuzkoa permanezca conectada al resto del país y de Europa.

3 respuestas a «Así funciona Aena: el modelo que modela el presente y el futuro del Aeropuerto de Hondarribia»

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