A principios del siglo XX, la aviación era un mundo lleno de posibilidades y sueños. En San Sebastián, los aficionados a la aeronáutica pronto se dieron cuenta de que el improvisado campo de aviación de Ondarreta ya no era suficiente para las nuevas necesidades de este revolucionario medio de transporte.
Así, en 1919, los ojos se posaron en los terrenos de Lasarte, cerca del hipódromo, como el lugar ideal para establecer un aeródromo permanente.
En paralelo, la Société Anonyme de Transports Aéronautiques du Sud-Ouest, una empresa francesa, propuso conectar San Sebastián con ciudades como Burdeos, Pau y Biarritz. Incluso contemplaban excursiones aéreas y servicios publicitarios innovadores, como arrojar desde el aire pequeños panfletos artísticos.
El público objetivo eran los veraneantes donostiarras, quienes podían disfrutar de vuelos sobre la ciudad por 40 pesetas o viajar a Biarritz ida y vuelta por 200 pesetas.
Sin embargo, este ambicioso proyecto no fue fácil de materializar. La empresa francesa solicitó subvenciones municipales para construir las instalaciones necesarias, incluyendo hangares, oficinas y un campo de aviación vallado.
A pesar del entusiasmo inicial, el Ayuntamiento no pudo financiar completamente el proyecto, y las aportaciones de gremios y asociaciones locales fueron escasas.
Aun así, los vuelos en Lasarte comenzaron, aunque con un carácter más experimental y recreativo. Desde aviadores británicos realizando vuelos de prueba hasta franceses ofreciendo bautismos del aire, el pequeño aeródromo fue testigo de la llegada de la modernidad. Trágicamente, el entusiasmo también trajo riesgos: en 1919, un accidente aéreo cobró la vida de un piloto francés, marcando un capítulo oscuro en la historia del lugar.
Aunque el sueño del Aeropuerto de Lasarte nunca alcanzó su plenitud, sentó las bases para el desarrollo de la aviación en la región. Aquellos terrenos, inicialmente adaptados con sencillos materiales como troncos y lonas, representaron un salto hacia la modernidad en una época de grandes cambios.
Hoy, recordar esta historia es un homenaje a los visionarios que, a pesar de las limitaciones, soñaron con conectar San Sebastián con el resto del mundo desde el aire.
Autor del vídeo: Julián Sagardia


Deja una respuesta