La historia de la aviación en San Sebastián tiene sus raíces en principios del siglo XX, cuando la ciudad se preparaba para recibir uno de los momentos más esperados por los amantes de los avances tecnológicos: los primeros vuelos de aviones en sus cielos.
En 1910, la emoción de los donostiarras creció cuando la ciudad organizó un gran evento de aviación. El 13 de enero, tres comisionados viajaron a París y Pau con la misión de hacer realidad este sueño. A su llegada, se encontraron con la oferta del piloto francés Léonce Garnier, quien deseaba realizar vuelos en la ciudad. Sin embargo, los organizadores no lograron llegar a un acuerdo con él, lo que les llevó a contratar a Hubert Le Blon, otro aviador destacado.
El 27 de marzo de 1910, Le Blon voló por primera vez sobre San Sebastián, utilizando un Blériot XI, un avión con motor Gnôme de 50 CV. El día de la exhibición comenzó nublado, pero la expectativa del público creció conforme avanzaba la mañana.
Con el apoyo de las autoridades locales y el Ministro de Fomento, el piloto se preparaba para su vuelo. A pesar de algunos contratiempos con el motor y el acumulador eléctrico, que se resolvieron gracias a la ayuda de un automóvil, finalmente llegó el esperado momento.
Le Blon despegó sobre la playa de Ondarreta, y tras algunos intentos fallidos, logró elevarse suavemente. El público, nervioso y expectante, estalló en vítores cuando el avión finalmente voló sobre la bahía de San Sebastián, deleitando a los espectadores. Su vuelo sobrevoló lugares emblemáticos como el Gran Casino, y culminó en un aterrizaje perfecto en el mismo campo de vuelo.
Sin embargo, la historia del primer vuelo no fue solo un éxito. A pesar de algunas dificultades, como un posterior accidente en el agua y el trágico fallecimiento de Le Blon en abril, la ciudad de San Sebastián se consolidó como un importante centro de aviación en España.
Posteriormente, otros pilotos realizaron vuelos, incluido Deletang, quien también dejó su huella en la historia de la aviación donostiarra.
El legado de estos pioneros sigue vivo en la memoria colectiva, y la ciudad, entonces llena de entusiasmo por el progreso tecnológico, celebró con fervor los logros de estos aviadores que marcaron un antes y un después en la historia de la aviación en España.


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