El Aeropuerto de San Sebastián, también conocido como Hondarribia o Fuenterrabía, es una infraestructura esencial para la conectividad del territorio, pero aún enfrenta retos que limitan su capacidad operativa. Más allá de su conocida pista corta o las condiciones meteorológicas complejas, existe otro factor menos visible que frena su desarrollo: la gestión del equipaje.
Actualmente, el aeropuerto carece de la maquinaria específica para manejar los contenedores de carga estandarizados que utilizan aviones de la categoría de la familia Airbus A320 o de Boeing 737. Estos contenedores de carga estándar (conocidos como ULD, en este caso los contenedores tipo AKH, permiten agrupar las maletas en una sola unidad, que se introduce fácilmente en la bodega del avión mediante plataformas elevadoras y sistemas rodantes. Sin este equipo, en Hondarribia todas las maletas deben cargarse y descargarse a mano, pieza por pieza, lo que ralentiza el proceso y exige un esfuerzo físico mucho mayor por parte del personal de tierra.
El origen de esta carencia es comprensible si se mira la historia del aeropuerto. Durante años, la mayor parte de los vuelos se han operado con aviones más pequeños, como los turbohélices ATR 72, que no requieren ULD. Sin embargo, con la llegada de aeronaves más grandes, como el Airbus A320, que en otras terminales utilizan este sistema como estándar, la falta de equipamiento en Hondarribia ha pasado a ser un factor limitante.
Cuando un A320 opera en San Sebastián, sus bodegas no pueden cargarse con contenedores, así que todo el trabajo se hace de forma manual, algo que aumenta el tiempo que el avión permanece en tierra y puede complicar la logística diaria. Además, hay variantes de estos modelos que no están preparados siquiera para cargarlos sin contenedores, lo que hace inviable trabajar en nuestro aeropuerto con aviones de estas características.
Para las aerolíneas, este tipo de operativa supone un hándicap. Cuanto más rápido se consigue que un avión descargue pasajeros y equipaje, cargue de nuevo, y vuelva a despegar, más eficiente es el servicio. Cuando ese tiempo se alarga por procesos manuales, no solo aumenta el coste operativo, sino que también puede derivar en pequeños retrasos que, sumados a lo largo de la jornada, afectan a toda la programación de vuelos. Además, el hecho de que todo el proceso sea manual incrementa el riesgo de errores o incidencias: maletas que llegan tarde, golpes por manipulación, o incluso equipaje que no embarca por falta de tiempo.
Los pasajeros también lo notan. La recogida de equipaje en la terminal puede ser más lenta que en otros aeropuertos donde el uso de ULD permite que las maletas lleguen en lotes más grandes y de forma más fluida. Y más importante aún: la imposibilidad de usar estos sistemas desincentiva que más compañías apuesten por el aeropuerto, ya que no todas están dispuestas a aceptar operaciones con procesos más lentos o ineficientes.
La solución pasa por modernizar la infraestructura y dotarla del equipo necesario. Sería necesario incorporar elevadores hidráulicos que permitan subir y bajar los contenedores desde la bodega de los aviones, además de adaptar la zona de carga para que estos contenedores puedan ser gestionados de forma rápida y segura. También habría que formar al personal de tierra en el manejo de esta tecnología y en las nuevas dinámicas de trabajo que conlleva.
Con estos cambios, el Aeropuerto de Fuenterrabía no solo ganaría en agilidad, sino que también se volvería más atractivo para las aerolíneas y, en consecuencia, para los viajeros. Ofrecer una operativa moderna es clave para que las compañías consideren abrir nuevas rutas o reforzar las existentes. Además, un proceso de carga y descarga más eficiente permitiría mejorar la experiencia del pasajero, que vería cómo su equipaje llega más rápido y con menos incidencias.
Inversiones en este tipo de equipamiento no requieren grandes obras, sino una planificación adecuada y una voluntad clara de modernizar la operativa. El propio crecimiento de la demanda y el uso creciente de aviones de mayor capacidad en la terminal justifican sobradamente esta mejora. Con una logística actualizada, el aeropuerto estaría en condiciones de responder mejor a las necesidades de las aerolíneas y de los viajeros, consolidándose como una puerta de entrada eficiente para el territorio.
En definitiva, modernizar la gestión del equipaje es un paso lógico y necesario para que el Aeropuerto de San Sebastián dé el salto de calidad que muchos esperan. Un aeropuerto más ágil y preparado contribuiría no solo al confort de quienes vuelan, sino también a la competitividad y el dinamismo económico de toda la región.


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