Cuando Gipuzkoa quiso sustituir Hondarribia: aeropuertos proyectados sin construir

Durante décadas, el Aeropuerto de San Sebastián ha sido la principal puerta aérea de Gipuzkoa. Situado en Hondarribia, junto a la bahía de Txingudi y muy cerca de la frontera con Francia, forma parte del paisaje del territorio desde mediados del siglo XX. Sin embargo, lo que hoy parece una realidad consolidada estuvo lejos de ser una solución indiscutida. De hecho, algunos de los aeropuertos proyectados en Gipuzkoa nunca llegaron a construirse, a pesar de que varios estudios técnicos los consideraron alternativas viables e incluso superiores sobre el papel.

Para entender aquel debate hay que situarse en los años setenta. En aquella época existía preocupación por las limitaciones del Aeropuerto de San Sebastián. Se hablaba de la meteorología, de la longitud de la pista, de la cercanía de montañas, de los condicionantes derivados de la frontera francesa o de la necesidad de mejorar las comunicaciones aéreas del territorio. Algunas de aquellas cuestiones se han ido corrigiendo con el paso de los años, pero entonces alimentaron una auténtica explosión de propuestas para buscar un nuevo emplazamiento aeroportuario.

Entre todas las ideas que surgieron hubo una especialmente llamativa. El ingeniero Elósegui Amundarain defendió abandonar el modelo de pequeños aeropuertos provinciales y apostar por un gran aeropuerto regional para el conjunto del entorno vasco-navarro. El problema era encontrar un lugar adecuado en un territorio tan montañoso como Gipuzkoa. Su respuesta fue tan sorprendente como ambiciosa: construir el aeropuerto en pleno mar Cantábrico, a unos cinco kilómetros de la costa, entre Zumaia y Deba.

La propuesta parecía salida de una novela de ciencia ficción. La pista se levantaría sobre una enorme plataforma artificial conectada con tierra firme. Sus defensores destacaban ventajas evidentes. La visibilidad sería excelente, apenas existirían obstáculos para las maniobras de los aviones, el impacto acústico sobre las poblaciones costeras sería reducido y habría espacio para futuras ampliaciones. Sobre el papel, solucionaba muchos de los problemas que históricamente habían acompañado a la aviación guipuzcoana.

Sin embargo, una cosa es que un proyecto sea técnicamente posible y otra muy distinta que resulte razonable desde el punto de vista económico. El principal obstáculo no era la ingeniería, sino el coste. Habría sido necesario construir gigantescas estructuras en una zona donde el fondo marino superaba los sesenta metros de profundidad. Los propios impulsores reconocían que no se trataba de una imposibilidad técnica, pero sí de una obra extraordinariamente compleja y costosa.

Mientras aquella idea ocupaba titulares, la Cámara de Comercio de Gipuzkoa y la Diputación encargaron en 1972 un estudio mucho más detallado para localizar el mejor emplazamiento posible para un gran aeropuerto guipuzcoano. El trabajo fue realizado por un grupo de ingenieros consultores que analizó el territorio con una profundidad poco habitual para la época.

Los técnicos identificaron inicialmente nueve posibles ubicaciones. La lista incluía Getaria, Mendizorrotz, Andatza, Usurbil, Rekalde-Berri, Ametzagaña, Hondarribia, Zumaia y Jaizkibel. Vista hoy, la relación resulta sorprendente. Algunas de estas localizaciones están muy próximas a zonas densamente pobladas y otras se encuentran en áreas donde pocos imaginarían un aeropuerto.

El análisis no se limitó a buscar terrenos disponibles. Los ingenieros evaluaron catorce criterios distintos. Estudiaron factores aeronáuticos como el espacio aéreo disponible, la frecuencia de nieblas, la visibilidad, los vientos dominantes o las turbulencias. También analizaron cuestiones sociales y económicas, entre ellas los accesos, la cercanía a los principales focos de población, el impacto acústico sobre los vecinos, la disponibilidad de servicios o la facilidad para ejecutar las obras necesarias.

Uno de los aspectos más llamativos del informe es que Hondarribia no consiguió superar la primera selección. Los finalistas fueron Getaria, Mendizorrotz, Usurbil y Ametzagaña. Esto no significa que el Aeropuerto de San Sebastián fuera una mala infraestructura. Simplemente refleja que el estudio buscaba el emplazamiento óptimo para un aeropuerto completamente nuevo, valorando criterios diferentes a los que habían condicionado la construcción y evolución del aeropuerto existente.

Tras aplicar todos los criterios, el resultado fue contundente. Usurbil obtuvo la mejor puntuación con 890 puntos, muy por delante de Rekalde-Berri, Getaria, Mendizorrotz y Ametzagaña. Los consultores concluyeron que era la alternativa más interesante e idónea para albergar el futuro aeropuerto de Gipuzkoa. Destacaba especialmente por sus accesos, sus condiciones meteorológicas, la afección a la población y la viabilidad general del terreno.

Visto desde la actualidad, resulta inevitable preguntarse cómo sería Gipuzkoa si aquel proyecto hubiera salido adelante. Sin embargo, conviene interpretar estos estudios con prudencia. Un informe técnico no garantiza que una infraestructura vaya a construirse ni que después resulte la mejor opción operativa durante décadas. Entre una recomendación técnica y la realidad intervienen factores políticos, económicos, sociales y medioambientales que pueden alterar por completo cualquier proyecto.

Precisamente por eso ninguno de aquellos planes llegó a materializarse. El aeropuerto en el mar quedó frenado por su enorme coste. Las alternativas terrestres tampoco superaron todas las dificultades necesarias para convertirse en realidad. Mientras tanto, el Aeropuerto de San Sebastián continuó evolucionando y adaptándose a las necesidades de cada época.

La historia de estos proyectos olvidados demuestra que el futuro de la aviación guipuzcoana pudo haber sido muy diferente. Durante algunos años se llegó a imaginar una gran pista junto a Usurbil. En otros momentos se soñó incluso con construir un aeropuerto sobre el Cantábrico. Ninguna de aquellas ideas prosperó, pero todas forman parte de un capítulo poco conocido de la historia del territorio. Un capítulo que recuerda que, mucho antes de debatir sobre ampliaciones o nuevas rutas, Gipuzkoa llegó a plantearse empezar de nuevo y construir un aeropuerto completamente distinto.

2 respuestas a «Cuando Gipuzkoa quiso sustituir Hondarribia: aeropuertos proyectados sin construir»

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