El 24 de noviembre de 2024, el Aeropuerto de San Sebastián fue escenario de un acto vandálico que, aunque no llegó a interrumpir directamente los vuelos, puso de relieve lo importante que es toda la infraestructura que hace posible la navegación aérea. Ese domingo, mientras la zona estaba bajo alerta naranja por fuertes vientos, Enaire que es el gestor de la navegación aérea en España, denunció ante la Ertzaintza un sabotaje contra el cableado de una de las radioayudas esenciales para el aeropuerto.
Estas radioayudas, como su nombre indica, son instalaciones que ayudan a los aviones a orientarse y aterrizar con precisión, especialmente cuando el tiempo no acompaña y no se puede volar “a ojo”. Una de las más importantes en Hondarribia es el sistema VOR-Doppler, una versión mejorada del tradicional VOR (Very High Frequency Omnidirectional Range), que permite a los pilotos saber con exactitud dónde están respecto a un punto fijo en tierra.
Para imaginar cómo funciona, piensa en una rueda de bicicleta vista desde arriba. En el centro estaría el VOR, y cada radio que sale hacia el borde de la rueda representa una dirección distinta, como si fueran caminos en el cielo. El avión al recibir la señal sabe por cuál de esos radios y a qué distancia respecto al VOR, que sería el centro, está volando. Así puede seguir una ruta muy precisa, incluso si no ve el terreno o la pista por culpa de la niebla o la lluvia. Simulando una conversación torre – pilotos simplificada al extremo y adaptada a la analogía propuesta, sería así:
– Torre de Hondarribia:
Iberia 1234, mantenga rumbo actual y continúe en línea recta hacia el punto central del VOR, como si estuviera siguiendo el radio número 90 de una rueda de bicicleta, desde fuera hacia el centro.
– Iberia 1234:
Recibido, mantenemos rumbo hacia el centro por el radio número 90 de la rueda. Iberia 1234.
(Unos minutos después)
– Torre de Hondarribia:
Iberia 1234, gire ahora 87 grados a la derecha para incorporarse al radio número 220, sígalo en dirección al centro.
– Iberia 1234:
Copiado, giramos 87 grados a la derecha y seguimos por el radio 220 hasta el centro. Iberia 1234.
En el caso del VOR-Doppler, la señal se mejora gracias al uso del efecto Doppler (el mismo que hace cambiar el sonido de una ambulancia al acercarse o alejarse), lo que permite una mayor precisión. En Hondarribia, este sistema está directamente relacionado con una de las principales maniobras de aproximación: la VOR 22, que los pilotos utilizan cuando no pueden aterrizar visualmente por la pista principal.
El sabotaje afectó 48 antenas del sistema, además de una central y otras dos antenas externas. Sin embargo, según comunicó Enaire, la navegación aérea no se vio perjudicada gracias a los procedimientos y sistemas de respaldo implantados en los últimos años. Este tipo de redundancia es clave para que un fallo puntual, ya sea accidental o intencionado, no suponga una interrupción del servicio ni ponga en riesgo la seguridad de los vuelos.
A pesar de ello, la jornada del 24 de noviembre estuvo marcada por la meteorología adversa. El fuerte viento ya estaba provocando incidencias en la operativa. A primera hora, un vuelo de Iberia procedente de Madrid no pudo aterrizar, y un vuelo de Vueling desde Barcelona logró hacerlo tras más de 45 minutos de espera en el aire.
Sin embargo, los cambios constantes en el viento impidieron que esa misma aeronave pudiera regresar a Barcelona a la hora prevista. Más tarde, el vuelo vespertino de Barcelona y otro desde Las Palmas de Gran Canaria también fueron desviados, el primero de vuelta a Cataluña y el segundo a Bilbao. Solo las dos frecuencias restantes entre Madrid y Hondarribia pudieron completarse con normalidad.
Este episodio demuestra lo delicado que puede parecer el equilibrio operativo en un aeropuerto tan singular como el de San Sebastián, rodeado de montañas, zonas urbanas y con una pista más corta que la de otros aeródromos. Pero también refleja la solidez del sistema: a pesar de un intento de sabotaje, de las condiciones meteorológicas complicadas y de las limitaciones geográficas, la seguridad de los vuelos se mantuvo en todo momento.
Lo que para muchos pasajeros pudo ser solo un día de desvíos y retrasos, en realidad fue una muestra de que el entramado técnico y humano que sostiene la aviación está preparado para responder ante casi cualquier situación. En lugares como Hondarribia, donde cada aterrizaje exige precisión, cada uno de estos sistemas cumple una función crítica. Por eso, incluso un ataque aparentemente menor a una instalación como el VOR-Doppler no es un detalle sin importancia: es una llamada de atención sobre lo invisibles pero fundamentales que son las tecnologías que hacen posible volar con seguridad.


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