El pasado 2 de abril de 2025, un vuelo de Vueling procedente de Barcelona no pudo aterrizar en el Aeropuerto de San Sebastián y se desvió a Bilbao. La causa fue el windshear, un fenómeno meteorológico poco frecuente pero que puede condicionar la fase final de un vuelo. Te explicamos en qué consiste de forma sencilla, sin tecnicismos innecesarios.
El windshear, o cizalladura del viento, ocurre cuando hay un cambio repentino en la velocidad o la dirección del viento en una zona muy localizada. En otras palabras, el viento cambia bruscamente y eso puede afectar el comportamiento del avión, sobre todo cuando está volando cerca del suelo. Para imaginarlo mejor, piensa que vas en bicicleta y, de repente, el viento cambia de dirección o de fuerza de golpe: te desestabiliza, pero si sabes cómo actuar, puedes recuperar el control. Con los aviones ocurre algo parecido.
Este tipo de fenómeno puede producirse en diferentes altitudes, pero es especialmente relevante durante el despegue o el aterrizaje, que son las fases más delicadas del vuelo. En esos momentos, el avión va más bajo y más lento, por lo que necesita un entorno lo más estable posible para seguir una trayectoria precisa hacia la pista. En el caso del Aeropuerto de Hondarribia, su ubicación entre mar, montaña y áreas urbanas puede favorecer la aparición de corrientes de aire irregulares, especialmente con ciertos tipos de nubosidad, cambios de presión o lluvias intensas.

Cuando se detecta windshear, el avión avisa automáticamente a los pilotos mediante una alerta en los instrumentos de cabina. A veces, también se comparte información entre tripulaciones si se ha detectado alguna anomalía previa. Si existe la mínima duda sobre la estabilidad de la aproximación, lo más prudente es realizar una maniobra conocida como go around o «motor y al aire»: se interrumpe el aterrizaje, se gana altura y se da una vuelta para evaluar si es posible volver a intentarlo. Y si las condiciones no mejoran, se toma la decisión de aterrizar en otro aeropuerto cercano con meteorología más favorable, como Bilbao o Pamplona.
Este tipo de maniobra no supone una emergencia. Al contrario, forma parte de los procedimientos habituales y es una muestra clara de que la seguridad está siempre en primer lugar. Los pilotos entrenan regularmente estas situaciones, y los sistemas del avión están diseñados para detectarlas y reaccionar a tiempo.
El Aeropuerto de San Sebastián (Hondarribia) tiene particularidades operativas que lo hacen único: su pista es más corta que la de otros aeropuertos de su categoría y su entorno natural exige una planificación más precisa. Por eso, las maniobras de llegada se realizan con ayudas modernas, como las aproximaciones RNP (basadas en navegación por satélite) y el sistema europeo EGNOS, que permite que las trayectorias sean más estables, incluso cuando la visibilidad o el viento no acompañan.
En definitiva, el windshear es uno de esos fenómenos meteorológicos que, aunque no se aprecien desde tierra, son perfectamente conocidos y controlados en la aviación. No implica peligro directo, pero sí requiere aplicar protocolos que priorizan el bienestar y la seguridad de todos a bordo. Si alguna vez tu vuelo cambia de destino en el último momento, no es un error: es una decisión medida, fruto del conocimiento, la preparación y la tecnología que hacen del transporte aéreo una de las formas más seguras de viajar.


Deja un comentario