El lenguaje secreto de la aviación: por qué Hondarribia es llamado EAS y LESO

Cuando viajamos en avión, es muy común encontrarnos con siglas y códigos que parecen un idioma secreto. En las pantallas de información, en los billetes o incluso en el equipaje aparecen combinaciones de tres o cuatro letras que identifican cada aeropuerto del mundo. En el caso de San Sebastián, podemos ver dos: EAS y LESO. Aunque a simple vista puedan parecer lo mismo, en realidad corresponden a dos sistemas distintos y cumplen funciones diferentes.

El código más conocido es el de tres letras, llamado código IATA, creado por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo para uso cotidiano, apareciendo en tu tarjeta de embarque o en la etiqueta del equipaje. En San Sebastián corresponde a EAS, un guiño al nombre tradicional de la ciudad: Easo, la denominación romana antigua que recibió la ciudad hace siglos. Aunque hoy sabemos que Easo correspondía más bien a lo que ahora es Irún, el legado del nombre permanece en el código del aeropuerto.

Estos códigos son fáciles de recordar, ya que la mayoría hacen referencia al nombre de la ciudad o del aeropuerto. Por ejemplo, Madrid es MAD, Barcelona es BCN y Bilbao es BIO. No siempre son tan obvios, porque algunos se asignaron hace décadas y se basan en nombres antiguos o en convenciones particulares. Londres-Heathrow es LHR y Nueva York-JFK es JFK en honor al presidente John F. Kennedy.

Por otro lado, está el código de cuatro letras, llamado código OACI (Organización de Aviación Civil Internacional). Este se utiliza en operaciones técnicas, como planes de vuelo, sistemas de control aéreo y manuales de procedimientos. Su lógica es distinta: cada país o región recibe un prefijo y después se añaden letras para identificar el aeropuerto concreto. En España, todos los aeropuertos comienzan con la “L” (del sur de Europa), y luego se añade una segunda letra que suele indicar el país: “E” para España o “P” para Portugal.

Así, el Aeropuerto de San Sebastián es LESO, donde “E” corresponde a España y “SO” a San Sebastián (en inglés, “San Sebastian Airport”). Madrid-Barajas es LEMD, Barcelona es LEBL y Bilbao es LEBB. Estos códigos no son visibles para el pasajero, pero son imprescindibles en la cabina de los aviones y en las torres de control.

Una curiosidad es que, en algunos casos, los dos códigos no coinciden demasiado, lo que puede despistar. Por ejemplo, el aeropuerto de Palma de Mallorca es PMI en IATA, pero su código OACI es LEPA. Algo similar pasa con París-Charles de Gaulle, que es CDG en IATA, pero LFPG en OACI. Esto ocurre porque el criterio de IATA busca ser práctico y fácil de usar para la industria turística, mientras que el de OACI sigue una lógica técnica internacional.

En San Sebastián, estas diferencias también se notan. Mientras los viajeros están acostumbrados a ver “EAS” en sus billetes y en los paneles de llegadas, los pilotos y controladores hablan de “LESO” cuando preparan un plan de vuelo o cuando cargan datos en la cabina. Dicho de otro modo: EAS es la cara visible para los pasajeros, LESO es el lenguaje interno de la aviación.

El uso de estos códigos tiene además una función muy práctica: evita confusiones. Piensa en cuántas ciudades en el mundo se llaman San Sebastián, Victoria o Granada. El código IATA asegura que un billete a EAS te lleve a Hondarribia y no a otro lugar con un nombre parecido. Y en el ámbito profesional, el código OACI hace que no haya margen de error cuando un avión envía su plan de vuelo.

Los códigos también cuentan historias curiosas. El de San Sebastián, EAS, no encaja del todo con el nombre de la ciudad, ya que “SAN” ya estaba ocupado por San Diego, en Estados Unidos. Por eso se optó por una combinación alternativa que mantuviera la parte de la referencia a San Sebastián. Lo mismo pasa con Bilbao, cuyo código es BIO.

Aunque puedan parecer simples letras, estos códigos forman parte de la identidad de cada aeropuerto y de la experiencia de volar. Muchos viajeros coleccionan etiquetas de maletas con las siglas de los lugares que han visitado. Otros, simplemente, se familiarizan con ellas por costumbre. Sea como sea, la próxima vez que veas “EAS” en tu billete o “LESO” en algún documento técnico, ya sabrás que ambos apuntan al mismo lugar: un pequeño aeropuerto junto al mar Cantábrico que conecta Gipuzkoa con el resto del mundo.

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