El legendario Concorde (avión supersónico británico-francés) despegó por última vez en 2003 , pero su regreso es noticia. Un consorcio británico llamado Fly-Concorde Limited anunció que la “Ley Concorde” firmada por Donald Trump en 2025 levantó la prohibición de vuelos supersónicos sobre tierra firme en EE.UU. , y el Concorde podría volver a volar en 2026. Volando al increíble Mach 2 (más de 2.400 km/h ), este “cohete de largo alcance” cruzaba el Atlántico en 3 horas y media, pero ¿qué pasa si imaginamos que aterriza en el pequeño aeropuerto de San Sebastián (Hondarribia)? Aunque la realidad nos dice que es inviable, será divertido soñar.
El Concorde era un avión especial en todos los sentidos. Gracias a sus cuatro potentes motores con postcombustión podía mantener cruceros a Mach 2 (el doble de la velocidad del sonido ). Sin embargo, esa ingeniería puntera tenía un precio: consumía muchísimo combustible y generaba unos estruendosos “booms” sónicos al superar la barrera del sonido.
De hecho, en 1973 EE.UU. prohibió los vuelos supersónicos sobre su territorio debido a quejas de ciudadanos por el ruido (sus ondas de choque podían incluso romper cristales). Solo se le permitía volar sobre océanos, por eso volaba solo hacia destinos transatlánticos (Londres-NY, París-Washington, etc.). Ahora Trump eliminó esa prohibición para relanzar la aviación supersónica, pero en Europa las reglas siguen siendo estrictas con el ruido y las emisiones.
A cambio de su velocidad de vértigo, el Concorde necesitaba pistas muy largas para despegar. Con su ala delta cargada al máximo requería 3.600 metros de pista para el despegue, según datos técnicos , y alrededor de 2.200 metros para aterrizar. En comparación, un avión comercial mediano se basta con unos 1.400-2.000 m.
El aeropuerto de San Sebastián, ubicado en Hondarribia, es una infraestructura modesta. Su pista tiene una longitud total de 1.754 metros, pero no todo ese asfalto puede usarse: actualmente, la distancia disponible para el despegue es de 1.591 metros y para el aterrizaje de 1.427 metros. Tras unas obras realizadas en 2017 para adaptarse a la normativa europea de seguridad, se recortó la parte operativa de la pista para dejar espacio a las franjas de seguridad obligatorias. En la práctica, esto condiciona qué aviones pueden operar aquí.
Hondarribia apenas tiene la mitad de la longitud de pista que un Concorde necesitaría para estar en el aire, incluso si extendieran la pista. El entorno (humedal protegido, ocupación del suelo, ruido) ha paralizado cualquier plan de ampliación. En 2009 hubo un proyecto para alargar 200 m la pista (llevándola a 1.950 m), pero la oposición ciudadana y ambiental lo detuvo.
Además del tamaño de la pista, el Concorde trae otros desafíos: sus motores son muy ruidosos y pesados. En un aeropuerto en medio de una ciudad o junto a la frontera, como el de San Sebastián, ese ruido rompería con todas las normativas locales. Tampoco está preparado para operaciones cortas de cabotaje: volaba altas cotas (60.000 pies) y requiere rutas largas.
En resumen, la idea de un Concorde sobre Hondarribia es atractiva como titular, pero choca con la realidad técnica y legal. La pista de 1,7 km es mucho más corta de lo necesario. El ruido supersónico está prohibido sobre tierra aquí, y la infraestructura aeroportuaria local (terminal, combustible especial, equipo de tierra) no está diseñada para un proyecto de tal envergadura. En otras palabras, sería imposible operar un Concorde en San Sebastián.
Así que, aunque el regreso del Concorde sea real gracias a cambios recientes, debemos volver a tierra: los amantes de la aviación que conformarse con ver aviones más pequeños despegando de Hondarribia. El avión supersónico seguirá surcando cielos internacionales (quizá Londres o Nueva York), pero por ahora no vendrá a nuestro “pequeño” aeropuerto vasco.


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