Cuando un avión con toques verdes de Binter aparece sobre la desembocadura del Bidasoa, muchos pasajeros no imaginan que tras esa imagen hay más de tres décadas de historia. La compañía canaria, nacida para unir a un archipiélago aislado entre sí, se ha convertido con el tiempo en una de las aerolíneas regionales más reconocidas de Europa. Y desde 2021, también ha unido Canarias con Gipuzkoa, incorporando a Hondarribia a su red de destinos.
La historia de Binter empieza oficialmente en marzo de 1989, cuando despega su primer vuelo interinsular. Entonces se llamaba Binter Canarias y era una filial de Iberia creada un año antes. Su misión era tan simple como necesaria: conectar las islas con una regularidad que permitiera viajar casi como si se usara un autobús. No es casualidad que el propio Gobierno canario acabara describiendo a la compañía como “las guaguas de los canarios”.
En sus inicios, la aerolínea operaba con pequeños turbohélices de unos 40 asientos. Eran aviones ideales para distancias cortas y pistas sencillas, suficientes para unir varias veces al día Tenerife, Gran Canaria, El Hierro o La Palma. A lo largo de los años 90, la flota fue creciendo con los ATR 72, aeronaves de hélice más capaces y eficientes. Llegaron incluso a probar jets DC-9 alquilados a Iberia, pero el experimento duró poco: eran demasiado caros para tramos tan breves y se abandonaron en 1997.
Esta apuesta por los turbohélices fue clave. Consumían menos, eran más fiables para vuelos cortos y permitían mantener tarifas razonables para los residentes. A finales de la década, volar entre islas ya era una costumbre cotidiana para miles de personas.
El gran cambio llegó en 2002. Iberia, ya privatizada, vendió Binter a un grupo de inversores canarios, Hesperia Inversiones Aéreas. Por primera vez, la aerolínea quedaba en manos locales. Fue el inicio de una etapa de consolidación, con un fuerte arraigo regional y un modelo centrado en calidad y servicio. Durante estos años llegaron las primeras grandes distinciones: Binter fue premiada en múltiples ocasiones por la Asociación de Aerolíneas Regionales Europeas (ERA) como mejor aerolínea regional del continente, con galardones en 1992, 1993, 2005, 2010 y 2013.
La compañía siguió creciendo. En los años 2000 ya transportaba 2,5 millones de pasajeros anuales, cifra que se dispararía en la década siguiente. Ofrecía cerca de 170 vuelos diarios dentro del archipiélago y en 2023 alcanzó su récord histórico: cinco millones de viajeros en un solo año. El total suma más de 83 millones de pasajeros han volado con la aerolínea desde su fundación.
Paralelamente, Binter empezó a mirar más allá de Canarias. En 2005 lanzó sus primeras rutas fuera del archipiélago, principalmente a destinos cercanos en África y Portugal: Madeira, Marrakech, Casablanca o Dakar, entre otros. Esta expansión internacional no solo diversificó su red, sino que llevó su modelo de conectividad regional a nuevos territorios, como Cabo Verde, donde colaboró en crear una aerolínea local.
El verdadero salto a la península llegó en 2018. Hasta entonces, los vuelos entre Canarias y la España peninsular estaban monopolizados por compañías más grandes. Binter decidió apostar por ciudades medianas tradicionalmente desconectadas de las islas: Mallorca y Vigo fueron las primeras, seguidas pronto por Pamplona, Zaragoza, Murcia, Santander, Vitoria, Asturias o Jerez. También probó rutas estivales a Francia e Italia, demostrando su capacidad para operar fuera de su nicho tradicional.
A la vez, la aerolínea renovaba su flota con aviones modernos como los Embraer E195-E2, más silenciosos y eficientes que muchos reactores de tamaño similar. Binter fue la primera compañía europea en operarlos. Junto a los ATR 72 de última generación, la aerolínea consolidó una de las flotas más jóvenes del continente. Esa apuesta por la innovación y la sostenibilidad fue reconocida en 2024, cuando recibió el premio ERA “Aerolínea del Año”, y también por la OCU, que la nombró mejor aerolínea española en satisfacción del viajero en 2023.
Pero la historia que interesa especialmente en Gipuzkoa empieza a finales de 2021. Por primera vez, Binter aterrizó en el Aeropuerto de San Sebastián (Hondarribia), inaugurando una conexión directa con Gran Canaria. Dos veces por semana, un Embraer E195-E2 de última generación unía el Cantábrico con el Atlántico, acercando dos mundos completamente distintos pero complementarios.
Además, Binter introdujo un añadido muy atractivo: la conexión interinsular gratuita en Canarias. Esto permitía viajar desde Hondarribia a cualquier isla con una sola reserva y en un mismo billete, enlazando directamente en Gran Canaria con la extensa red interinsular.
La acogida fue tan positiva que en marzo de 2025 la aerolínea inauguró una segunda ruta: Tenerife Norte, también con dos frecuencias semanales. De esta manera, Hondarribia pasó a contar con cuatro vuelos semanales a Canarias.
Esta presencia creciente no solo abre nuevas posibilidades turísticas, sino que también beneficia al aeropuerto, que ha registrado cifras récord en 2023 y 2024. El enlace directo ofrece a los residentes canarios una puerta a Euskadi y a los guipuzcoanos una escapada accesible a las islas, fomentando el flujo cultural y económico entre ambas regiones.
A veces se habla de Binter como una aerolínea pequeña. Pero su historia desmiente esa idea: ha construido una red sólida dentro y fuera de Canarias, ha sido premiada internacionalmente, ha liderado la renovación tecnológica en sus modelos de avión y ha logrado expandirse sin perder su esencia regional. Su apuesta por Hondarribia encaja con esa filosofía: conectar territorios que, sin su presencia, estarían mucho más lejos entre sí.
Hoy, un viajero puede amanecer en Tenerife y, gracias a Binter, comer en el puerto de San Sebastián ese mismo día. Lo que empezó siendo un modesto puente aéreo entre islas es ahora un sistema que une archipiélagos, comunidades y estilos de vida. Y todo indica que la historia continuará: Binter sigue creciendo, explorando nuevas rutas y ampliando su papel en la aviación regional europea.
En un mundo donde las grandes aerolíneas se concentran en hubs gigantes y rutas masivas, la compañía canaria ha demostrado que todavía hay espacio para un modelo que prioriza la cercanía, la frecuencia y la conexión humana. Y Hondarribia, desde su pequeña pista junto al mar, se ha convertido en una pieza más de esa historia.


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