Seguramente has mirado al cielo y te has preguntado por esas largas líneas blancas que siguen a los aviones. No, no son “químicos” ni un plan secreto para controlar el clima.
Estas líneas, conocidas como estelas de condensación o contrails en inglés, tienen una explicación bastante sencilla basada en ciencia básica.
Cuando un avión vuela a grandes altitudes, su motor quema combustible para generar energía. Como resultado, libera vapor de agua caliente junto con dióxido de carbono y otros gases. Lo mismo que sucede con los coches en tierra y el humo que sale del tubo de escape.
En el cielo, donde la temperatura puede llegar a ser extremadamente fría (¡hasta -40 °C o menos!), este vapor de agua se enfría rápidamente al entrar en contacto con el aire helado. Tan rápido, de hecho, que se convierte en pequeños cristales de hielo casi al instante.
Esos cristales de hielo son lo que forman las líneas blancas que vemos. Si las condiciones del aire son secas, estas estelas desaparecen rápidamente.
Si hay más humedad, las líneas pueden permanecer en el cielo por más tiempo, dando lugar a las “teorías conspiranoicas”. Pero no hay misterio aquí: solo es ciencia pura y simple.
En el Aeropuerto de San Sebastián (EAS), aunque no suelen operar vuelos a altitudes tan elevadas como las de los grandes aviones transoceánicos, algunas aeronaves también pueden dejar estelas si las condiciones son las adecuadas.
Así que la próxima vez que veas esas líneas desde Hondarribia, recuerda que no son más que el resultado de vapor de agua convirtiéndose en hielo. Algo más parecido a lo que sucedería si condujeras tu coche por el cielo, que algo sacado de una película de ciencia ficción.


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