El Aeropuerto de San Sebastián, también conocido como Hondarribia o Fuenterrabía, tiene una de las pistas más cortas de todos los aeropuertos comerciales en España. Aunque a simple vista pueda parecer un dato menor, en el mundo de la aviación eso lo cambia todo. Su pista mide 1.754 metros, pero en realidad no se puede aprovechar entera. Para los aviones, lo que cuenta de verdad son los metros que pueden usar en carrera: 1.591 metros para despegar y 1.427 metros para aterrizar.
Por normativa, hay zonas de seguridad en ambos extremos de la pista llamadas RESA (zonas de frenado en caso de salida de pista), y eso hace que la distancia realmente autorizada para usar durante el despegue o el aterrizaje sea menor que la longitud total de asfalto disponible.
Lo curioso es que, a pesar de esas limitaciones, el aeropuerto sigue funcionando con normalidad gracias a varios factores. Uno de los más importantes es que su pista está “ranurada”. Esto significa que el pavimento tiene unas hendiduras que ayudan a evacuar el agua cuando llueve, mejorando el agarre de los neumáticos del avión y acortando la distancia necesaria para frenar. Es una solución muy usada en aeropuertos donde el clima puede complicar las operaciones, como aquí, en el norte.
Esa mejora permite que ciertos aviones modernos puedan usar la pista con total seguridad, incluso cuando está mojada. Los que lo tienen más fácil son los aviones diseñados para pistas cortas. Por ejemplo, los turbohélices como el ATR 72, que usa Air Nostrum (la filial regional de Iberia), o el Dash 8 Q400, que se usa en muchos aeropuertos pequeños de Europa. Estos aviones no necesitan muchos metros para levantar el vuelo y pueden aterrizar con comodidad en espacios reducidos.
También hay reactores que encajan muy bien aquí. El Embraer E170, por ejemplo, es un pequeño jet regional que puede despegar y aterrizar sin problemas. Y el moderno Airbus A220-100, que además de ser muy silencioso, ha sido diseñado para rendir bien en pistas cortas como la de San Sebastián. Swiss, por ejemplo, lo usa desde aeropuertos como Zúrich y Ginebra, que tienen sus propias limitaciones. Estos modelos tienen la autonomía suficiente para conectar San Sebastián con ciudades como Ámsterdam, Bruselas, Frankfurt, Múnich, Lisboa, Milán, Roma o incluso Copenhague sin escalas y sin comprometer rendimiento.
Pero no todo vale. Algunos aviones más grandes, como el Embraer 195 o el Airbus A319 que Iberia usa para su ruta con Madrid, pueden operar, pero tienen que adaptarse. A veces eso significa no llenar todos los asientos, llevar menos carga o ajustar la cantidad de combustible para que el avión no pese demasiado. Son cálculos muy precisos que hacen los pilotos y las aerolíneas para asegurarse de que pueden despegar y aterrizar dentro de los márgenes disponibles. Aun así, esto ha permitido mantener rutas regulares no solo a Madrid, sino también a Barcelona, Palma de Mallorca, Sevilla o incluso Tenerife Norte, como hace Binter Canarias con sus modernos Embraer 195-E2, que ajustan peso y combustible para realizar el vuelo sin escalas.
Y aunque durante años el A319 ha sido el modelo más usado, hoy en día Vueling está utilizando cada vez más el Airbus A320neo en sus operaciones en Hondarribia, e Iberia también ha comenzado a emplearlo en algunos vuelos. Gracias a su eficiencia, motores más potentes y mejores prestaciones de frenado, el A320neo fue certificado para operar en este aeropuerto, y puede hacerlo en rutas cortas con planificación ajustada.
Luego están los que directamente no pueden venir. El Boeing 757, el Airbus A320, A321 o modelos todavía más grandes como el A330 o el B767 están fuera de juego. Simplemente necesitan más pista de la que hay. No es que no se quiera, es que no se puede.
En resumen, aunque su pista es corta, el aeropuerto de Hondarribia sigue perfectamente activo gracias a una combinación de tecnología, planificación y modelos de avión bien adaptados. No hace falta una pista infinita para volar. Lo importante es saber cómo aprovechar bien cada metro. Y gracias a esa buena gestión, el aeropuerto sigue conectando a Gipuzkoa con buena parte de Europa, no solo con vuelos nacionales, sino también con ciudades clave del continente, abriendo la puerta a conexiones internacionales sin necesidad de pasar siempre por Bilbao.







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