Detrás de cada aterrizaje perfecto en el Aeropuerto de San Sebastián, hay una coreografía precisa que no se deja al azar. Debido a la pista compacta de 1.754 metros (1.427 utilizables para aterrizar y 1.590 para despegues) y su ubicación geográfica única, rodeada por montañas y el mar, las operaciones en este aeropuerto son especialmente exigentes. Pero, ¿qué sucede exactamente en la pista para garantizar que cada vuelo llegue a tierra de forma segura?
El proceso comienza mucho antes de que un avión toque la pista. Los controladores aéreos guían a las aeronaves durante su aproximación final, asegurándose de que las condiciones de viento, visibilidad y tráfico aéreo sean las adecuadas. La falta de un sistema ILS (Instrument Landing System) limita la precisión de la aproximación.
El Aeropuerto de San Sebastián trata de compensarlo con el sistema RNP (Required Navigation Performance) y el más reciente RNP Z basado en el sistema por satélites EGNOS. Éste último ofrece una aproximación más precisa a la pista 22, mejorando la seguridad en condiciones meteorológicas adversas. A futuro, el sistema satelital europeo mencionado será clave, una vez las aerolíneas que operan equipen sus aviones y formen a los pilotos para usarlo. Sin embargo, las distancias de pista disponibles (1.591 metros en despegues y 1.454 metros en aterrizajes) siguen siendo un factor clave.
Simultáneamente, el equipo de tierra realiza una inspección minuciosa de la pista, revisando que esté libre de objetos que puedan representar un peligro. En los aeropuertos, donde la seguridad siempre es primordial, incluso una piedra lo suficientemente grande puede poner en riesgo la operación de un avión. A su vez, durante el día cobra importancia la labor del cetrero ahuyentando pájaros con sus aves rapaces, de manera que no interfieran en la operación.
El mantenimiento de la infraestructura es otro componente crucial. Las autoridades realizan inspecciones regulares para garantizar que el asfalto esté en perfecto estado, sin grietas ni signos de desgaste que puedan afectar la frenada de las aeronaves. Las luces de la pista y los sistemas de navegación, esenciales para los aterrizajes nocturnos o en condiciones de baja visibilidad, también se revisan constantemente.
En cuanto a las aeronaves, el tipo de avión que opera en San Sebastián juega un papel determinante en la capacidad de despegue y aterrizaje. Aviones más pequeños, como los Embraer E195 y los Airbus A319, son los más comunes en este aeropuerto debido a las restricciones de la pista. Por ejemplo, modelos más grandes como el Boeing 767 no podrían operar debido a las distancias requeridas y las condiciones meteorológicas.
Si el clima no es adecuado para aterrizar de manera segura, los aviones utilizan procedimientos especiales llamados «aproximación instrumental». Esto significa que, en lugar de depender de la vista del piloto, se utilizan instrumentos y señales para asegurar que el avión aterrice de forma correcta. A día de hoy, toda operación pasa por la tecnología del avión y la vista de los pilotos en una combinación perfecta.
En condiciones de visibilidad adecuada, se podría usar la «aproximación visual», en la que el piloto puede ver la pista y aterrizar guiado por su visión. Sin embargo, si la visibilidad es muy baja o el viento es más fuerte de lo permitido para operar con seguridad, el vuelo podría ser desviado a un aeropuerto cercano, como el de Bilbao o Biarritz, para proteger a los pasajeros y garantizar un aterrizaje sin problemas. De cualquier modo, Biarritz por su similitud climática debido a la cercanía, y Bilbao por sus conocidas dificultades con el viento son opciones complejas, aunque mejores dado el caso.
Todo este trabajo es el resultado de una colaboración meticulosa entre controladores, pilotos, personal de tierra y equipos de mantenimiento, formando una red de seguridad integral. Aunque para los pasajeros un aterrizaje puede parecer una rutina, en el Aeropuerto de San Sebastián cada aterrizaje es el resultado de una coordinación impecable y de una planificación detallada, donde cada detalle cuenta, especialmente en un entorno desafiante como el de este aeropuerto.
Este esfuerzo constante, sumado a la tecnología avanzada de aproximación por satélite, garantiza que cada aterrizaje en Hondarribia se lleve a cabo con la máxima seguridad, sin importar los desafíos que la naturaleza o la infraestructura puedan presentar.


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