De Bilbao a Biarritz: los desvíos que nacen en los ‘minimums’ de Hondarribia

Cuando un avión se prepara para aterrizar, la decisión final de si puede hacerlo o no, no siempre depende únicamente del piloto. Existe una referencia clave en nuestro aeropuerto y entenderla resulta especialmente interesante si pensamos en un aeródromo como el de San Sebastián, en Hondarribia. Aquí las condiciones meteorológicas y de visibilidad muchas veces ponen a prueba a pilotos y pasajeros.

Los minimums son, en pocas palabras, los mínimos de visibilidad que necesita un avión para poder aterrizar. Se expresan de dos formas: en la altitud mínima a la que el piloto debe ver la pista o al menos tener referencias visuales claras para continuar (a veces referenciado como techo de nubes, es decir, la altitud a la que está la parte más baja de las nubes), y en distancia, que se mide en visibilidad horizontal. Dicho de otra forma, cuántos metros tiene que poder ver el piloto hacia adelante para estar seguro de que puede tomar tierra sin riesgos.

En este caso, los pilotos valorarán con el control aéreo si las condiciones pueden mejorar (puede ser un banco de nubes que se disipe) y realizarían esperas en el aire, o merece más la pena desviarse a Bilbao o Biarritz, donde las condiciones o los sistemas de ayuda permiten aterrizar con más facilidad.

¿Por qué esto es tan importante en Hondarribia? La respuesta está en su entorno y en la tecnología disponible. La pista, encajada entre la ladera de Jaizkibel, Hendaia, Hondarribia e Irun al sur, no permite instalar un sistema ILS (el famoso aterrizaje por instrumentos de precisión que sí tienen aeropuertos grandes y podría evitar la mayoría de desvíos).

Durante años, San Sebastián se apoyó en un sistema VOR con mínimos relativamente altos: el piloto necesitaba al menos 650 pies de altura (cerca de 200 metros) y unos 3,5 kilómetros de visibilidad para aterrizar. Esto significa que en cuanto la niebla bajaba un poco más de lo habitual o la lluvia reducía demasiado la visión, los aviones no podían completar la maniobra.

En 2021 llegó una mejora importante: la introducción de las aproximaciones RNP por satélite, que redujeron esos requisitos a unos 2,6 kilómetros de visibilidad y con trayectorias más estables, facilitando los aterrizajes.

Y en 2024 se dio otro paso adelante con aproximaciones RNP más novedosas basadas en el sistema EGNOS, que usa correcciones de GPS por satélite permitiendo guiarse con más precisión vertical. Con este nuevo procedimiento, los mínimos en la cabecera 22 bajaron hasta unos 290 pies de altura (como 90 metros), lo que da mucho más margen.

Sin embargo, no todas las aerolíneas pueden utilizarlo. Las flotas de Iberia, Vueling o Volotea no tienen certificación ni equipamiento para este tipo de aproximaciones por satélite de alta precisión, mientras que compañías como Binter sí lo aprovechan con sus aviones más modernos. Esto significa que, en la práctica, los minimums para algunos operadores siguen siendo más exigentes, y por tanto los desvíos no han desaparecido del todo.

Para los pasajeros, los minimums se traducen en esa frase que a veces escuchamos por megafonía: “no hemos podido aterrizar en San Sebastián debido a las condiciones meteorológicas y vamos a desviarnos a Bilbao”. No es cuestión de falta de pericia del piloto, sino de cumplir estrictamente unos límites establecidos para garantizar la seguridad. Aunque resulte incómodo, son precisamente esos minimums los que aseguran que nunca se intente un aterrizaje cuando no hay visibilidad suficiente.

El aeropuerto de Hondarribia, por su tamaño y localización, está acostumbrado a convivir con estas limitaciones. Su clasificación como aeropuerto de categoría C ya implica que requiere entrenamiento específico para los pilotos, y el hecho de tener una pista corta refuerza la necesidad de operar siempre dentro de márgenes muy claros. Los minimums, en definitiva, son la frontera entre lo posible y lo seguro.

Lejos de ser un obstáculo, estos criterios hacen que la aviación sea tan segura como es. Puede que a veces la niebla de Jaizkibel o un banco de nubes obliguen a cambiar los planes, pero es precisamente esa capacidad de decir “hoy no se puede” la que garantiza que cada aterrizaje sea fiable. En un aeropuerto tan singular como el de San Sebastián, entender qué son los minimums ayuda a comprender mejor por qué, en ocasiones, el cielo tiene la última palabra.

3 respuestas a «De Bilbao a Biarritz: los desvíos que nacen en los ‘minimums’ de Hondarribia»

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